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Mulas, correos humanos, valijas, vagineras, camellos, burros, aguacateras. El lenguaje tumbero encuentra infinitos sinónimos de animales y objetos para nombrar a chicas como Miriam Natalie Alencar Da Silva, la joven brasileña que murió en una calle de Devoto por ingerir más de 80 cápsulas de cocaína. Rara vez se habla de ellas como lo que son: víctimas de trata. Una estrategia de supervivencia que crece más rápido en las mujeres. Cuando los cuerpos solo son envases.

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